La hoja de coca desde tiempos ancestrales, ha sido considerada como factor cultural y social de integración en actividades rutinarias y laborales en campo y ciudad, así como acompañante esencial en jornadas o reuniones sociales y/o sindicales en todo el territorio nacional.


En este marco, el Gobierno nacional, ha ido ejecutando acciones dirigidas a proteger y revalorizar la coca originaria y ancestral como un patrimonio cultural y recurso natural renovable, preservando a la Madre Tierra.


Es así que, la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, promulgada el 7 de febrero de 2009 en su artículo 384, establece que el Estado protege la Coca Originaria y Ancestral como Patrimonio Cultural, Recurso Natural Renovable de la biodiversidad de Bolivia, y como factor de cohesión social.


Esta norma establece que la hoja de coca es un patrimonio cultural de Bolivia y que, en su estado natural, no debe considerarse como una droga, además de promover su revalorización, producción y comercialización.


También, la Ley General de la Coca (Ley Nº 906) promulgada el año 2017, ratifica en su Artículo 11, el reconocimiento a la coca como patrimonio cultural, originario y ancestral del pueblo boliviano. Esta norma, define al acullicu, pijcheo, coqueo o boleo, como la masticación de la hoja de coca en su estado natural como un modo de consumo ancestral y tradicional como símbolo de diálogo, reciprocidad y equilibrio con la naturaleza, trascendiendo esta práctica los diferentes estratos sociales de los bolivianos.

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